La profesora Adelana
Cortina, experta contemporánea en ética y política plantea la pregunta sobre la
ética con base en una teleología que parece enfrentarse a los parámetros de
utilidad en un mundo contemporáneo. ¿Para qué sirve la ética? Se pregunta con un poco de asertividad crítica. Es decir, ¿para qué encargarnos de nosotros mismos en el orden de una cierta disciplina para obtener un caracter frente a la vida? Pero también ¿por qué o para qué encargarse de la vida en el orden del entendimiento de estas como un conjunto de costumbres que son susceptibles de cambio?
Dentro de los temas tratados por la profesora está la cuestión de investigar las bases de las costumbres dentro de las bases comportamentales aportadas por disciplinas como la zoología o la teoría de la evolución. Así, acudiendo al teórico Richard Dawkings, dice ella, que existen un conjunto de direcciones que en la neurobiología o en la genética apuntan a que el hombre es un ser agresivo y egoísta por naturaleza, que no gusta de estar con los otros más que para su beneficio y placer. Pero dice también, que no obstante estas teorías también señalan la posible existencia entre nosotros, los seres humanos, dentro de cada uno, a parte de un gen egoísta, un gen altruista, es decir, un gen que se encarga de los otros.
Y, la discusión no tendría sentido sino aplicáramos esto a un conjunto de ejemplos y no entendiéramos que particularidades de la reflexión llevada a cabo por la profesora Adela Cortina, se centran en el punto álgido de la discusión entre la ciencias naturales y las humanas. Precisamente porque no existe una sola posición frente a los fenomenos naturales y no podrían estos, como bien lo señala Richard Dawkings, en el gen egoísta, tomarse como un acervo moral del cual partir. No obstante, valdría la pena señalar en qué difieren los teóricos de la evolución respecto de este tema. Para lo cual se tomará como base la relación de oposición entre Conrad Lorenz y Richard Dawkings en lo que se podría llamar la posición heterodoxa y la posición ortodoxa. La primera plantea, que la teoria de la evolución que es tambien la teórica etologica, o sea, la teoria del comportamiento, se liga directamente en los individuos de manera que estos se proyectan en su comportamiento con base en una posición de conservación de los grupos, es decir, de las especies. La segunda, por el contrario, sostiene que la evolución es un problema antes que de los grupos, de los individuos y más exactamente de los genes. Parte del disenso respecto de las posiciones asumidas, más allá de la pretensión política, ética o económica que podría subyacer a esto, es que, según estos mismo teóricos, muchas de sus aseveraciones o interpretaciones no parten de la observación de las mismas especies, ni de los mismos grupos. Y que, reiterando lo afirmado por Dawkings, más allá del juego metafórico e interpretativo realizado en sus observaciones en cuanto al gen egoísta o altruista, este no se debe convertir ni en moral ni en juicio de valor, sino como un simple juego de apuesta en la teoría evolutiva contemporánea. Con base en esto valdría la pena preguntarnos respecto de la apuesta de la profesora Cortina si ¿no sucumbimos a un error de fondo al suponer en la argumentación del para qué de la ética una cierta naturalización de propuestas biologicas universales? ¿no debe ser acaso la ética una cuestión situada? Por último ¿no habría que escindir metodologicamente en cuanto a la moral, la teoria de la evolución, de una perspectiva ética que convendría mucho más a la del desarrollo humano?
Es con base en este supuesto básico que la profesora Cortina plantea unos panoramas éticos de cooperación que podrían también llevarnos a preguntas tales como ¿no habrá al contrario de una dicotomia en la relación egoísta-altruista, alguna oportunidad de entretejer estos contrarios en una política de comprensión del egoísmo- desmarcado de la noción cristiana- como base para el comportamiento en grupos, como comprensión del beneficio general como beneficio propio?
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